Dar a un hijo mil onzas de
oro no es comparable a enseñarle un oficio.
Razón tenía el amigo Juan Tomas cuando me dijo que
esto de hacer kuramas era una adicción.
Y aquí me tienen con una 2ª tanda. La llamo tanda, pues obviamente no la puedo llamar hornada (como me gustaría llamarla), pues no han salido del horno.
Esta vez he intentado hacer algunas diferentes y creo que lo he conseguido.
Así mismo, las he realizado con un color diferente a la tanda anterior. Les pongo una foto con una maceta de ambas tandas donde se puede observar la diferencia en el color.
Ya la iré plantando y colgando las fotos en el blog.
